¿Qué es la variabilidad de la frecuencia cardíaca?

La variabilidad de la FC (VFC) o heart rate variability (HRV) hace referencia a la medición de la actividad neurovegetativa y la función autónoma del músculo cardiaco. Puede determinarse mediante el registro de los cambios temporales en el trazado de un eco cardio grama (debidamente realizado) o actualmente existen ya varias aplicaciones con bastante fiabilidad para medir este valor.

La FC nos informa de la intensidad del trabajo o demanda cardiovascular experimentada, la VFC nos proporciona información acerca de la calidad de la regulación cardiovascular y sus influencias. Las dos variables son una medida de cuantificación de la carga interna del deportista ante el entrenamiento.

Normalmente se ha utilizado la frecuencia cardíaca basal (por las mañanas) para medir el grado de asimilación de la carga de entrenamiento por parte del/la atleta. Sabíamos que hasta 4-6 pul/min. entre sesiones puede ser una fatiga aguda propiciada por el entrenamiento del día anterior o la carrera, más de 6 hasta 12 puede indicar una fase subaguda de fatiga, siempre que sea de forma prolongada (Terrados y col. 1992)

Por otro lado valores de más de 10 - 12 pulsaciones sobre el valor inicial durante períodos largos (semanas) nos podría indicar a parte de un posible problema médico, una fatiga de tipo crónica o sobreentrenamiento. (Terrados y col. 1992)

También esta FC basal a medida que nos vamos poniendo en forma irá bajando, cuando más baja este y más se mantenga la FC máxima, nos dará una pista de que nuestro estado de forma es el correcto o óptimo, habiendo adaptaciones cardiovasculares y respiratorias al entrenamiento.

Pero ahora con los distintos estudios que están saliendo a la luz podemos controlar la VFC o HRV, que hablando en un lenguaje simple es el tiempo en milisegundos que transcurre entre los latidos del corazón. Este espacio de tiempo no es constante y varía entre un latido y el siguiente.

Para poder aprovechar toda la información que nos aporta l’HRV debemos tener un registro constante de estos valores. Lo podemos medir con varios pulsometros que se encuentran al mercado e incluso algunas aplicaciones de móvil.
El control de la HRV nos indica el resultado de las interacciones del sistema nervioso autónomo con su equilibrio simpático vagal y el sistema cardiovascular nos muestra también la relación entre el sistema nervioso simpático (SNS) y el sistema nervioso parasimpático (SNP). En estado de reposo normalmente predomina la estimulación vagal (SNP), mientras que en estados de estrés, ansiedad y ejercicio físico predomina la estimulación del SNS.

Pichot y col. (2002) encuentran que, durante periodos de entrenamiento intenso, con la mejora de la condición física general, se modifica esta VFC, que indican aumento del tono del sistema nervioso vegetativo parasimpático. En momentos de gran cantidad de entrenamiento, con estado de sobrecarga, se produce un estancamiento del tono parasimpático y un aumento de la actividad simpática. Cuando se recupera de la sobrecarga del entrenamiento el sistema nervioso vegetativo retorna a un predominio de la actividad parasimpática.
Para todo esto, estos autores hablan del tono del sistema nervioso vegetativo depende del nivel de fatiga debido a las cargas de entrenamiento.


¿Cómo interpretamos los resultados?

Si nos aparecen valores bajos (2, 3 o 4…) deberíamos reducir la intensidad del entrenamiento e incluso descansar. Por el contrario, si el valor es alto, estamos en condiciones de afrontar un entrenamiento exigente.
Todos estos valores “altos o bajos” siempre es en función de nuestros valores, siempre en relación con nuestros datos habituales. No hay tablas normativas al respecto ni tiene sentido compararnos con otros sujetos. Por eso, es importante adquirir un hábito de medición y, en consecuencia, evaluar las mediciones en relación con nosotros mismos.

Hay que añadir también que la VFC se ve afectada por la condición aeróbica que tiene cada sujeto. La variabilidad de un corazón muy entrenado aeróbicamente es, generalmente, grande durante el reposo; sin embargo, la VFC de un corazón enfermo/estresado es mucho menor. La VFC de los niños también es mayor que la de los adultos.
Además del ejercicio aeróbico hay otros factores que afectan a la VFC: edad, sexo, genética, posición del cuerpo, hora del día o estado de salud.
También es cierto que a medida que aumenta la intensidad del ejercicio físico, la FC aumenta, pero la VFC disminuye, hasta llegar a ser muy pequeña o prácticamente nula cuando alcanzamos altas intensidades de esfuerzo, próximas a nuestra FC máxima.

A modo de resumen, hay que decir que la VFC o HRV nos puede aportar muchos beneficios a la hora de planificar nuestros entrenamientos junto con el control de la adaptación a la carga de trabajo que soporta el/la atleta, que en este caso seria su carga interna o respuesta fisiológica del cuerpo al entrenamiento. La tecnología cada vez simplifica más el control de todos estos datos, dando una infinidad de posibilidades para poder controlar y ver la respuesta del atleta al ejercicio.